Si alguna vez has observado un racimo de uvas de cerca, probablemente hayas visto que algunas bayas presentan una fina capa blanquecina sobre la piel. Puede parecer polvo, restos de algún tratamiento o incluso generar la duda de si se trata de moho.

En la mayoría de los casos, la explicación es mucho más sencilla: es una formación natural de la propia uva llamada pruina.

Esta capa forma parte de la superficie del fruto y cumple funciones importantes mientras la uva crece en la planta y también después de la cosecha. No es suciedad ni una cera que se añada posteriormente para mejorar su aspecto.

De hecho, cuando observamos esa especie de velo mate sobre una uva estamos viendo una de las barreras naturales que utiliza el fruto para relacionarse con el ambiente.

¿Qué es exactamente la pruina de las uvas?

La piel de la uva está recubierta por una cutícula que contiene diferentes compuestos cerosos. Parte de esas ceras se encuentra en la superficie formando estructuras microscópicas conocidas como ceras epicuticulares.

Son precisamente estas estructuras las que producen el aspecto blanquecino o ligeramente azulado que podemos apreciar sobre algunas bayas.

La investigación sobre Vitis vinifera ha demostrado que estos cristales de cera aparecen sobre la superficie de la uva durante su desarrollo y forman una cubierta muy hidrófoba, es decir, que repele el agua.

Por eso, si colocas una pequeña gota de agua sobre una uva con bastante pruina, puedes observar cómo tiende a mantenerse agrupada sobre la superficie en lugar de extenderse inmediatamente.

Es una pequeña demostración de cómo funciona esta protección natural.

No es pesticida ni una cera añadida

Esta es probablemente la duda más importante que conviene aclarar.

La presencia de esa capa blanquecina no significa que la uva esté cubierta de pesticidas. Tampoco se trata de una cera aplicada después de la cosecha para hacer que dure más.

La pruina se forma naturalmente sobre la propia piel mientras la baya se desarrolla.

Los estudios sobre la cutícula de la uva muestran que está formada por diferentes compuestos lipídicos y cerosos producidos por el propio fruto. Algunos cristalizan en la superficie y son los responsables de esa apariencia mate característica.

Su presencia tampoco depende de que la uva sea blanca, roja o negra. La composición y cantidad de estas ceras puede variar entre variedades y durante las distintas etapas de desarrollo del fruto.

Por tanto, podemos encontrarla en uvas de distintos colores.

¿Para qué sirve esa capa natural?

Aunque para nosotros pueda parecer simplemente una cuestión estética, para la uva tiene una función mucho más importante.

La superficie de una fruta constituye la frontera entre sus tejidos y el ambiente. Necesita limitar la pérdida excesiva de agua y protegerse frente a diferentes factores externos.

La cera cuticular participa precisamente en esa protección.

La literatura científica describe esta capa como una barrera que contribuye a reducir la pérdida de agua y a proteger el fruto frente a factores ambientales, daños mecánicos y determinados organismos patógenos.

En la uva también se ha estudiado su relación con la calidad después de la cosecha. Una investigación realizada con cuatro variedades de uva observó que la eliminación experimental de la cera epicuticular aceleraba la pérdida de peso, el pardeamiento y el ablandamiento de las bayas.

Podríamos pensar en ella como una fina protección natural que acompaña a la uva desde el campo.

¿Por qué unas uvas tienen más polvillo blanco que otras?

No todos los racimos presentan exactamente el mismo aspecto.

En algunas uvas la pruina puede resultar muy visible, mientras que en otras apenas se aprecia. Incluso dentro de un mismo racimo podemos encontrar diferencias entre bayas.

Esto puede deberse a varios factores.

La variedad influye en las características y composición de las ceras de la superficie. También intervienen el desarrollo y la maduración de la baya, las condiciones ambientales y, posteriormente, la manipulación que haya experimentado el racimo.

Hay además una razón muy sencilla que podemos comprobar nosotros mismos: la pruina se altera al tocar la uva.

Si pasamos un dedo por una baya, veremos cómo aparece una zona más brillante. Parte de esa capa superficial ha sido modificada o retirada por el roce.

Lo mismo puede ocurrir cuando unas uvas rozan con otras, con las hojas, con el envase o durante las diferentes manipulaciones necesarias para que el producto llegue hasta nosotros. La literatura científica señala precisamente que estas ceras superficiales pueden alterarse mediante abrasión o contacto físico.

Por eso, que una uva tenga menos pruina visible tampoco significa que esté en mal estado.

¿La pruina indica que una uva es más fresca?

Aquí conviene introducir un matiz.

Una capa de pruina bien conservada puede resultar compatible con una manipulación cuidadosa del fruto, pero no debería utilizarse por sí sola como prueba definitiva de frescura.

Una uva puede tener menos capa visible simplemente porque ha rozado con otras bayas o ha sido manipulada.

Para valorar el estado de un racimo resulta mucho más útil observar el conjunto: la firmeza de las bayas, el estado del raquis, el olor, la ausencia de moho y el aspecto general.

La pruina es una característica natural interesante, pero no funciona como una fecha de frescura impresa sobre la piel.

¿Cómo diferenciar la pruina del moho?

Es una de las dudas más lógicas porque ambos pueden presentar tonalidades blanquecinas.

La pruina suele aparecer como una película fina, mate y bastante uniforme sobre la superficie de la baya. Forma parte de la piel y no presenta una estructura algodonosa.

El moho, en cambio, suele desarrollarse de manera localizada y puede presentar un aspecto filamentoso o algodonoso. También puede aparecer acompañado de bayas excesivamente blandas, roturas, humedad, pérdida de líquido u otros signos de deterioro.

La distribución también ofrece pistas. La pruina puede observarse sobre numerosas bayas sanas de un mismo racimo, mientras que el deterioro por hongos suele comenzar en puntos concretos y evolucionar posteriormente.

Ante cualquier duda razonable sobre si existe moho o deterioro, es preferible no consumir el producto afectado.

¿Hay que quitar el polvillo blanco antes de comer las uvas?

No es necesario intentar eliminar específicamente la pruina.

Lo que sí debemos hacer es lavar las uvas antes de consumirlas, como hacemos con otras frutas frescas.

Basta con hacerlo correctamente bajo agua corriente antes de comerlas. No necesitamos frotar cada baya hasta conseguir que quede completamente brillante ni utilizar productos especiales para eliminar esa capa natural.

Además, si vamos a guardar las uvas durante varios días, resulta preferible mantenerlas secas y lavarlas cuando vayamos a consumirlas.

Una pequeña curiosidad que cuenta mucho sobre una uva

A veces interpretamos como extraño algo que simplemente forma parte de la naturaleza del producto.

La pruina es un buen ejemplo.

Ese fino velo blanquecino que podemos encontrar sobre las uvas se forma de manera natural sobre la piel y participa en la protección del fruto frente a la pérdida de agua y diferentes factores ambientales.

Puede ser más o menos visible según la variedad, el desarrollo de la baya y la manipulación que haya recibido. Y desaparece parcialmente con algo tan cotidiano como pasar un dedo sobre la superficie.

Así que la próxima vez que abras una caja de uvas y encuentres ese característico aspecto mate, ya sabrás qué estás viendo.

No es polvo añadido a la fruta.

Es parte de la propia uva.

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